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Mitos y Leyendas Zapateriles: La pluralidad nacionalista

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Mitos y Leyendas Zapateriles: La pluralidad nacionalista

Mensaje  Admin el Jue 22 Ene 2009, 21:00

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Que España es una nación diversa y plural, llena de contrastes, variada y heterogénea, no parece discutible. El legado de las múltiples civilizaciones que han dejado su impronta en la vieja Iberia y sus gentes, junto a una orografía difícil y poco articuladora, han conformado un espléndido y rico crisol de culturas y pueblos.
Viajar por nuestro querido país nos descubre una enorme multiplicidad de paisajes y paisanajes, de tradiciones, costumbres y lenguas diferentes, comunidades y grupos de lo más variopinto, y un folklore tan dispar que dudo tenga igual en otros países con el tamaño y la solera del nuestro.
Todo esto, que nos engrandece y enriquece como nada, está a punto de convertirse en un obstáculo insalvable para la convivencia por mor de unos cuantos (cada vez más) fanáticos intransigentes y unos cuantos políticos sin escrúpulos.
¿Cómo se ha llegado a esta situación límite en la que la propia idea de España es discutida a diario y en la que nos encontramos políticamente hablando a la deriva?. Parece que no existe una idea clara de estado para nuestros gobernantes, y en la propia dinámica parlamentaria consecuente a una democracia nos encontramos algunos de los factores principales del problema. Otros son, sin duda, el incurable vicio de la izquierda política española de ver al dictador Franco en el mismo nombre de España (con los lastimosos derivados ideológicos que eso genera), y la llegada al poder de los nacionalistas (en solitario o aupados por el PSOE) en determinadas regiones.

Vayamos por partes:
La aritmética parlamentaria, habida cuenta de que un acuerdo de estado entre PP y PSOE resulta hoy por hoy impensable, ha dotado de un inusitado poder a los partidos nacionalistas. Esto no es nuevo, ni debiera ser un problema para el país, si esos partidos nacionalistas tuviesen un comportamiento realmente democrático o encontraran una suerte de líneas “rojas” infranqueables previstas por líderes nacionales sensatos con una verdadera vocación de estado. Para esto resulta imprescindible el mencionado pacto de estado PSOE-PP (¿Utópico?, por supuesto).
La existencia de un partido bisagra no nacionalista que completase mayorías a los dos grandes partidos también evitaría el problema nacionalista de forma importante.

Franco era un dictador de derechas, pero también un nacionalista español. En el imaginario de la izquierda española eso ha quedado grabado a fuego. Tanto, que ha pervertido su discurso hasta hacerlo irreconocible con respecto al de izquierdas modernas de otros países. Por definición la izquierda es la antítesis del nacionalismo, y sin embargo en España se confunden sus discursos en no pocos territorios de tal manera que en ocasiones son prácticamente idénticos. No olvido la aversión que por muchos años conservaron los socialistas en España de llamar a ésta por su nombre. “Este país”, decían cuando tocaba hacerlo...
Ahora, cuando los métodos liberticidas de Franco han sido adoptados con fervor por los nacionalistas en la aplicación de sus políticas fascistas, nuestra izquierda ha puesto sus prejuicios ideológicos sobre España, sus intereses partidistas y su característica falta de escrúpulos, por delante de conceptos de los que tanto gusta alardear y pretende monopolizar como son la solidaridad, la igualdad, la justicia social etc..., legitimando y pasando por democrática una doctrina que no lo es en absoluto.

Y es que allí donde los nacionalistas gobiernan - no pocas veces aupados por el PSOE o infiltrados en éste- han convertido a la sociedad en una suerte de laboratorio de experimentación sociológica con un sólo fin: Eso que denominan “construcción nacional”.
Una vez controlados los resortes del poder autonómico se pusieron manos a la obra. Convirtieron educación en adoctrinamiento y consiguieron identificar las peculiaridades de sus pueblos con el nacionalismo. Sin disimulo emplearon los presupuesto para comprar medios de comunicación, subvencionar asociaciones afines y hacer campaña contra todo lo que sonara a “español”. Por el camino se dejaron, sin complejos, los valores democráticos.
“Con el ruido de la guerra no oigo el de las leyes”. Esta cita de Cayo Mario describe a la perfección la deriva totalitaria que han tomado los nacionalistas en su guerra contra España y todo lo que les une a ella. Buena prueba de esto son las perniciosas políticas lingüísticas puestas en marcha por los sucesivos gobiernos allí donde los nacionalistas tienen suficiente poder. Los eufemismos utilizados, tales como “normalización” o “inmersión” en lugar de imposición, nos dan la medida de la vileza alcanzada por ciertos gobiernos regionales. Su idea de la diversidad es la uniformidad forzosa en todo su territorio.

Y sin embargo a los políticos del PSOE se les llena la boca hablando de “la España plural”. Sin ambages defienden esas políticas liberticidas y las rodean de un aura de modernidad y tolerancia que en ningún caso merecen. Resulta que quienes quieren independizarse de España porque no aceptan la multiculturalidad de ésta son los valedores de la "pluralidad".
¿España plural?. Por supuesto y mucho mejor, pero no son precisamente los nacionalistas ni el PSOE los que la defienden.
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